| Descripción
de la Cueva del Reguerillo
Entre 1955 y 1981 se suceden las exploraciones
(C.E. del Club Alpino Español en 1955, G.U.M en 1956,
Centro de Estudios Hidrográficos de¡ MOPU entre
1965-67, G.E. Estrella Polar en 1969, El CEIS y STD en 1971,
el equipo N.S.S. 1972-73 y el S.E.C.E.I. entre 1980- 81)
fruto de las cuales, y gracias a las tareas de desobstrucción
realizadas en diversos pasos clave, se consigue reconocer
la totalidad de la cavidad y topografiarla en su mayor parte.
Especialmente reseñabas son las excavaciones
paleontológicas que fueron dirigidas por Trinidad
de Torres entre 1970-1974. Fruto de éstas aparecen
numerosas zonas con restos de Ursus spelacus, clasificándose
corno un yacimiento de habitación alóctona,
puesto que se trata de una acumulación de huesos
y material detrítico (arcilla de descalcificación)
que, fluyendo hacia zonas deprimidas de la cavidad, llega
a colmatar
totalmente ciertos conductos.
Aunque no presenta grandes dificultades
técnicas, el recorrido por esta cavidad puede hacerse
tan complicado como son sus laberínticos y tortuosos
estrechos pasadizos inferiores, por lo que en algunos puntos
pueden presentarse problemas de orientación, que
en ningún caso deberán ser de importancia
si se actúa con cierta lógica, se lleva el
material de iluminación adecuado y se sigue con detalle
el plano topográfico. Por ello las recomendaciones
van dirigidas fundamentalmente a los iniciados en este deporte,
y en concreto a todos aquellos que, sin material de iluminación
adecuado ni un mínimo de conocimientos técnicos,
se adentran en la cavidad. Para estos casos se recomienda
que sean acompañados de personas experimentadas,
y en el supuesto que así no fuera, sería conveniente
llevar carburo de repuesto y agua para evitar males mayores.
Se debe procurar entrar en grupos no muy numerosos, para
no alterar aún más el bastante ya deteriorado
ecosistema de la cueva, así como no ensuciar la cavidad
por el vertido de basuras, pilas y demás desperdicios
(amén de las pintadas), desechos que a veces se encuentran
en los rincones más insospechados de la cueva.
La Cueva del Reguerillo presenta tres niveles
o pisos bien diferenciados, siendo el 2º y 3º
los de mayor recorrido, prodigándose especialmente
en el último las gateras, pasos estrechos y zonas
laberínticas. Puesto que se trata de una compleja
cavidad en la que es posible realizar diversos recorridos,
la descripción que aquí se presenta corresponde
con el itinerario clásico, consistente en entrar
por la boca superior y recorrer el 1er piso, bajar al 2º
piso y continuar hasta la diaclasa de entrada al 3er piso
(denominada 1ª entrada al III piso), seguir en éste
por la zona más cómoda, y retornar de nuevo
al 2º piso bien por la Directísima o la Rampa
de Arcilla, completando el recorrido saliendo por la entrada
artificial.
Tras la entrada, un estrecho paso con unos
barrotes de hierro atravesados en la parte izquierda del
Vestíbulo, da acceso a una larga y amplia galería,
en la que son numerosas las formaciones y las zonas embarcadas
o encharcadas. Se trata del 1" piso. Por él
se avanza cómodamente destacando las numerosas formaciones
que pueden verse. A la mitad, se encuentran numerosos aportes
de agua provenientes de la excedencia de un deposito del
Canal de Isabel II que genera zonas muy bellamente decoradas,
con cortinas de agua que terminan desembocando en una zona
inundada conocida como El Lago, el cual puede pasarse bien
si se llevan botas de media caña o si se ataca por
el lateral derecho. Prosiguiendo el avance, se llega a una
zona con altos techos y nos encontramos a la derecha un
pozo hundido de unos 6 metros de profundidad. Se llega después
a una gran sala que generalmente se encuentra absolutamente
embarrada. Pasando un ancho pórtico de algo más
de 1'50 m. de alto, entramos en otra sala de donde parten
dos caminos. El primero de ellos sigue la galería
por la derecha y lleva a la Sala del Confesionario primero
y después al llamado Balcón del Misterio,
desde donde a cierta altura, se puede contemplar el hundimiento
(P6 anteriormente comentado) y la Galería del Primer
Piso.
El otro camino parte de la zona alta de
la Sala a la izquierda y toma una gatera que tras un pronunciado
destrepe que se hace sin dificultad, nos lleva a una pequeña
gatera conseguida por desobstrucción. Antes de pasar,
a la izquierda, sale una rampa que asciende hacia algunas
salas y donde es preciso tener cuidado con los resbalones.
Continuando el recorrido, se desemboca en una sala circular,
en donde la continuación se hace por el Paso del
Tablón, resalte de unos 3 m que se supera en travesía
por la pared izquierda, y en el que es recomendable el uso
de cuerda por lo resbaladizo de la roca (antiguamente había
una tabla que ayudaba en el paso y de ahí le viene
el nombre). Más adelante las dimensiones de la galería
se reducen rápidamente, accediéndose a un
estrecho conducto inclinado y de forma oval, el Pretubo,
que acaba desfondándose en el denominado Tubo. Esta
es posiblemente la mayor dificultad presente en la cavidad.
Se trata de un pequeño pozo de unos 6 m. Que se estrecha
a su base a modo de embudo, y para el que es necesario el
uso de cuerda, si bien, aunque no es en modo alguno aconsejable,
este paso también puede realizarse en oposición
con gran pericia y extremando la precaución. De esta
forma se accede al 2º Piso.
Después del Tubo se inicia una serie
de cortos pasajes por los que se llega a una gran galería
que es el eje principal de la cavidad y en la que se gira
hacia la izquierda. Después de esto, la siguiente
dificultad que aparece es el Tobogán (la Culada o
jaboncillo), resbaladiza colada de unos 2 m de altura y
que se supera por el lado izquierdo. Una vez pasado el Dormitorio,
en donde la galería tiene unos 2 metros de altura
y una anchura entre 3 y 4 metros, se llega a la 1ª
entrada al III Piso, situada a la derecha de nuestro camino.
Por una estrecha diaclasa se realizan dos remontadas en
oposición de unos 4 m de altura total. En la primera
remontada, puede encontrarse a mano izquierda a unos dos
metros de altura un spit donde es posible colocar una escala
o una cuerda. Un poquito más arriba y más
dentro, a la derecha, hay otro spit. Si se encuentra dificultad
para realizar el paso, es posible acometerlo como un paso
de hombros (técnica que consiste en que un espeleólogo
se sube a los hombros de otro). De esta manera, el que se
encuentra arriba puede colocar fácilmente la escala.
Llegados a la repisa, uno se encuentra dos chimeneas que
llevan al mismo sitio y que es preciso trepar en oposición
siendo mejor utilizar la que se encuentra más al
fondo. En su parte alta hay colocado otro spit, por lo que
sólo tiene dificultad el primero, ya que puede instalar
una cuerda que facilita mucho el paso a los demás.
Una vez superados estos complicados pasos, se continúa
por un meandro de 1.5 m de altura hasta llegar a la Gran
Sala, en la que, por una resbaladiza bajada con barro, se
accede finalmente a la Gran Galería del III Piso.
Cómodamente se prosigue, tomando
en las bifurcaciones el camino de la izquierda. Más
tarde el techo de la galería baja a una altura alrededor
de 1,5 m. Pronto se llega a un punto donde el conducto principal
gira a la derecha, haciéndose impenetrable de frente.
Lamentándolo mucho, existen numerosas pintadas, tales
como flechas y nombres, que nos ayudarán a reconocer
el camino. Desde esta zona, por un conducto que gira en
ascenso a la derecha se llega a la Directísima, estrecha,
larga y resbaladiza diaclasa por la que se remonta, no sin
gran esfuerzo, al nivel inmediato superior (hay un spit
en la parte más complicada en donde podría
colocarse un pedal o estribo). El que vaya de primero, que
sepa que el ascenso le resultará bastante penoso
y costoso hasta que casi llegando al final, al empezar a
ceder la inclinación, en la pared de la derecha puede
colocar una cuerda que ayude al resto del grupo. También
es posible subir por la Rampa de Arcilla, a la que se accede
por un pasadizo a la derecha antes de llegar a la Directísima.
Tras atravesar la red de pequeños
conductos entrelazados (El laberinto), en donde hay numerosos
pasos estrechos y gateras (flechas marcadas con pintura),
se llega por fin de nuevo al 2º piso en la Gran Vía.
En realidad, El Laberinto constituye el sector de enlace
entre el II y el III Piso. El paso por el Laberinto es de
los más complicados de la cavidad, porque aquí
la orientación con el mapa se pierde con facilidad.
Es importante, que a la hora de atacar este trecho, ha de
llevarse, permanentemente, un orientación base de
25º Oeste.
Nada más terminar la laboriosa Directísima,
en la parte final, se encuentra un pozo de aproximadamente
1’75 metros de profundidad, que es preferible bajar
y remontar por el lado opuesto. Pasado el pozo, tras dejar
una galería a la derecha y otra justo enfrente a
la izquierda, llegamos a un nuevo cruce en el que la pared
impide seguir de frente. Giramos a la derecha. A mano izquierda,
se presenta un resalte de aproximadamente 1’80 m.
de altura que se pasa sin gran dificultad. A la izquierda
del resalte se ve una oquedad en la piedra, que no es una
columna, pero deja al descubierto el otro lado por ambos
laterales. El resalte tiene dos partes. Tras la primera,
se abre una galería estrecha hacia la derecha, que
es por donde hemos de progresar. Nada más entrar
hay un pequeño socavón que se pasa sin dificultad.
La galería es estrecha pero alta y se puede caminar
de pie. Todo de frente la galería se colapsa con
barro. Pero antes de llegar, aparece cruzada por otra diaclasa
que hacia la izquierda es muy pendiente. Nosotros giramos
hacia la derecha por la diaclasa que es muy estrecha y en
la que hay que avanzar de lado pero de pie.
Pasamos una grieta que se abre a la izquierda
y una chimenea que se eleva por la derecha. Seguimos avanzando
y nos encontramos a la altura de la cabeza un asa de piedra
justo a la izquierda. Un poco más adelante, la diaclasa
se colapsa. A la izquierda y como a 0’75 m. del suelo,
se abre un pequeño pórtico. Al agacharse nos
encontramos con una galería paralela a la que nosotros
llevamos. Parece posible progresar por la derecha, pero
nuestro camino gira hacia la izquierda. Siguiendo en esta
dirección agachados descubrimos en el frente un pequeña
gatera y una galería que se abre hacia la derecha.
Seguimos de frente unos tres m. y llegamos a otro cruce.
En él giramos a la izquierda. Se trata de una pequeña
subida de 6 m. de longitud, resbaladiza que desemboca en
una pequeña gatera. Pasando por ella, abre a una
salita. Al fondo de la sala, a la derecha, se descubre un
pequeña remontada. Da paso a una gatera ascendente
a la izquierda, y por esta se accede a una estrecha diaclasa
donde es posible progresar de pie, valiéndose un
poco de la técnica de oposición debido a una
ligera pendiente del suelo. Llegamos a otra pequeña
salita donde a la derecha se descubren unas formaciones
que se asemejan a tres mandíbulas seguidas. A mano
izquierda hay otra gatera bajo una formación con
forma de bandera pero sin formar del todo, de mucha anchura.
Está justo enfrente de las mandíbulas. Avanzamos
por esa gatera y hay que bajar una pequeña pendiente
hasta llegar a un laminador estrecho por el que hay que
reptar. Según se pasa el laminador hay que tomar
el camino de frente por una estrecha diaclasa, pasando un
pequeño resalte que está justo enfrente del
laminador por el que acabamos de acceder. Pasado este estrecho
paso, tenemos una galería estrecha a mano derecha
y otra a la izquierda. De frente, aparece una tercera vía
que es la que tomamos.
Avanzamos hasta otra pequeña salita
con formaciones de origen freático. Siguiendo la
sala por la derecha llegamos a otro laminador estrecho.
Se pasa con los pies por delante. Al final aparece otro
laminador aún más pequeño que los anteriores.
Se pasa con la cabeza por delante y boca arriba. Según
se sale del laminador, nos encontramos con otro laminador
más a un metro de distancia del anterior. Llegamos
así a una sala un poco más grande. En ella
hay banderas gordas y se observan al fondo, a izquierda
y derecha, sendas galerías. La de la izquierda es
la más ancha, pero nosotros hemos de progresar por
la derecha, donde se abren otras dos galerías. Una
de ellas es ascendente y estrecha. Por la otra, un poco
más grande se llega a la Gran Vía.
Si decidimos no atacar el Tercer Piso, podemos
seguir por la misma Galería por la que llegábamos
a la primera entrada al tercer piso y continuamos de frente.
Cada vez el techo baja más y nos obliga a ir de rodillas
un lago trecho. En medio de él, nos encontramos con
las Piernas de Sofía, un par de columnas que dejamos
a la derecha de nuestro camino. Un poco más adelante,
llegamos a la salida del Laberinto, que nos aparece por
la derecha y siguiendo de frente, ya cómodamente
de pie, llegamos a la Sala del Perro que Fuma.
Por fin en la Gran Vía se continúa
sin dificultad. Al poco dejamos a la derecha la Sala del
Perro que Fuma pero nosotros continuamos de frente. Entre
bloques, al fondo en la parte derecha, pasamos un paso algo
complicado en el que debajo de la piedra por la que pasamos
se abre un desnivel considerable con el que hay que tener
cuidado. En esta zona denominada México, seguimos
avanzando ayudados por el mapa. Tras esta zona se llega
a otra más compleja por la cantidad de galerías
que entrecruzan en la que se inicia a mano derecha el acceso
a la Galería G.E.I.S.
La galería se estrecha y pronto se
llega al Estribo, resalte de unos 2 m. no tan fácil
de superar como dicen las guías, y que se puede evitar
si se torna una gatera ascendente que se sitúa a
su derecha, dando la vuelta por detrás. Inmediatamente
después del estribo se toma la galería de
la izquierda, por la que se continúa sin dificultad
significativa hacia la Galería de los Osos, dejando
diversos conductos laterales a ambos lados. Tras pasar el
Órgano se llega a una oxidada puerta metálica
tras la que se encuentra la salida o entrada artificial
al 2º piso.
Tomando la Galería G.E.I.S.,
que pertenece al III Piso pero se encuentra desvinculado
del mismo, es posible acceder también al exterior.
Por un estrechísimo conducto que desemboca en un
pozo de 6 m, que es necesario equipar, se llega a la propiamente
dicha Galería G.E.I.S., que discurre por debajo del
II piso. Por un conjunto de estrecheces (que fueron desobstruidas),
aún más extremas que la propia claustrofobia,
se accede al exterior.
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